Emprendimiento contra la insensatez

Lo más impresionante del turismo antioqueño es su potencial: turismo urbano, agroturismo, pueblos patrimonio, de aventura, náutico, religioso y hasta sol y playa en Necoclí, en el Urabá antioqueño. 


 

Para quienes hemos dedicado la mitad de nuestras vidas a la promoción de Colombia, inmersos y comprometidos en su política de desarrollo, nos produce malestar y repulsión observar cómo crece el morbo entre algunos turistas extranjeros por los narco-recorridos del narcoterrorismo, tomarse selfis frente a las fotos del mayor asesino de la historia de Colombia y visitar sus guaridas. El alcalde Gutiérrez, en buena hora, anunció la demolición del edificio Mónaco y cerró el supuesto museo del capo.

 

El resurgir del turismo en Medellín afronta otra dificultad adicional. Y es que esos mismos seudo-turistas de mochila grande y bajo presupuesto también están detrás de la prostitución y las drogas y, aunque sean pocos, basta que venga un periodista despistado y creativo para llevarse un gran titular sobre la supuesta decadencia de nuestras ciudades, de la miseria, de la corrupción y el supuesto descontrol de la delincuencia.

 

Se debe mostrar nuestra historia, sin duda, pero con respeto a las víctimas y a los colombianos, sin apología, sin convertir en héroes a los villanos. La historia se cuenta y se muestra, en su conjunto y en su contexto, y si vamos a crear un producto turístico para complacer la curiosidad de los visitantes, debe prevalecer la virtud, la evolución de la ciudad que hoy es reconocida a nivel mundial por la innovación y emprendimiento, por su gente, por su cultura.

 

Mucho le ha costado a Medellín sobreponerse a los tiempos de la mafia y de los atentados indiscriminados como para permitir que los avivatos del mal turismo se lucren de forma fácil y pisoteen el prestigio ganado con sangre, sudor y lágrimas durante más de una década de trabajo conjunto del Gobierno Nacional, la Gobernación y la Alcaldía y que tuvo como resultado más inversión, haber traído las asambleas de la OEA y de la OMT y decenas de periodistas de todo el mundo que vinieron, vieron y contaron sobre el resurgir de esta región pujante y emprendedora.

 

Lo más impresionante del turismo antioqueño es su potencial: turismo urbano, agroturismo, pueblos patrimonio, de aventura, náutico, religioso y hasta sol y playa en Necoclí, en el Urabá antioqueño. También cuenta con productos muy consolidados como la feria de las flores y los alumbrados navideños que, además, son productos de exportación. Antioquia fue la tercera región en recibir turistas en 2017 y, al tiempo, fue el departamento que tuvo el mayor crecimiento en la llegada de extranjeros, con una variación de 24%, alcanzando los 375 mil visitantes.

 

Aunque el principal motivo de viaje de los extranjeros a Colombia son las vacaciones y el ocio, Antioquia tiene un lugar privilegiado para los eventos, negocios y motivos profesionales. Hay que recordar que las grandes ferias de la moda, Colombiatex y Colombiamoda, tienen lugar en la capital antioqueña, junto a otro conjunto de importantes eventos que destacan por el liderazgo empresarial del departamento. En esta modalidad, fueron 60.704 los extranjeros no residentes quienes llegaron a Medellín por motivo de turismo de reuniones, correspondiente al 12% del total de llegadas al país.

 

Antioquia y su capital son también el epicentro del emprendimiento. Por eso invito a las compañías startup (emergentes, de arranque, incipientes) que presenten propuestas pioneras para transformar al sector turístico con tecnologías emergentes e ideas disruptivas, nuevos modelos para una actividad que afronta un sostenido crecimiento y un extraordinario futuro.

 

Publicado en El Tiempo.