Lo bueno, lo malo y lo feo

El hecho de que estemos trabajando de forma coordinada con EE.UU. en la entrega de ayuda humanitaria para Venezuela y que, ciertamente, estaremos también comprometidos juntos en la restauración de las instituciones

 

 
 
 Bogotá, 2019-02-11 - 09:56 / Por: AmCham Colombia

Pocos dudan que los días de Nicolás Maduro están contados y que más temprano que tarde se producirá en Venezuela un proceso democrático que nos pondrá frente a un nuevo escenario político y económico con nuestro vecino.

 

Lo bueno es que, por fin y al parecer, los venezolanos logran ver una luz al final del túnel, que hay una presión internacional lo suficientemente poderosa para poner fin a años y años de un régimen obsoleto, retrógrado y corrupto, que con falsas banderas y falsas ilusiones produjo carestía, empobrecimiento, miseria y emigración, con una realidad de libertades restringidas, de inflación descontrolada, de aislamiento e ignorancia.

 

El hecho de que estemos trabajando de forma coordinada con EE.UU. en la entrega de ayuda humanitaria para Venezuela y que, ciertamente, estaremos también comprometidos juntos en la restauración de las instituciones y de la economía local, es otra buena noticia para estrechar las relaciones con ambos países y restaurar los vínculos históricos como aliados políticos y socios comerciales.

 

Lo malo es que el daño causado en Venezuela ha tenido un efecto muy profundo y se necesitarán muchos años para su recuperación, para que haya un sistema productivo básico, para que la diáspora venezolana se contraiga y regrese, para recuperar la dinámica económica y la confianza.

 

Y lo feo es que algunas personas ya comenzaron a hacer cuentas de las ventajas que sacarán de la reconstrucción de ese país, de volver a exportar como hace una década, cuando muchas de nuestras industrias vivían de ese único mercado, sin grandes competidores, en una zona de comodidad que no les exigía diversificar, ni innovar.

 

En 2008, las exportaciones colombianas a ese país registraron el valor más alto de la historia, con ventas por US$6.071 millones, 16,5% del total de exportaciones de Colombia en ese año, principalmente pieles y cueros (US$251 millones); refrigeradores y congeladores (US$154 millones); calzado con suela de caucho, plástico (US$130 millones); tejidos de punto de anchura superior a 30 cm. (US$115 millones) y papel del tipo utilizado para papel higiénico (US$102 millones).

 

Entre 2013 y 2017 se produjo la caída libre de las exportaciones colombianas a Venezuela: se redujeron 13% en 2013, 14% en 2014, 87% en 2015, 73% en 2016 y 92% en 2017. La disminución entre 2008 y 2018 fue de 94,1%. Los colombianos aprendimos en carne propia que la dependencia a uno o pocos productos es nociva para la economía y que por eso no debemos detener el ejercicio de diversificar la canasta y los mercados.

 

La aceleración de la hiperinflación en Venezuela, si no pasa algo extraordinario, podrá superar los 10.000.000% en 2019, mientras que la contracción acumulada de la economía supera 50% desde 2013. Su producción petrolera está por el millón de barriles diarios -casi al nivel de Colombia-, por lo que los expertos calculan en varios años y mucha inversión extranjera la recuperación de la infraestructura petrolera. Para un país que prácticamente vive de ese producto es un panorama complejo y de dificultades.

 

Así que antes de frotarnos las manos pensando en las ventas futuras, concentremos nuestros esfuerzos en contribuir a que Venezuela recupere su institucionalidad, la estabilidad monetaria, el bienestar social, ayudarle a transitar este camino que será sinuoso y pedregoso.

 

Publicado en La República, disponible aquí 

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