Hora de la paridad

La sociedad le da voz a la mujer, provee de herramientas para propiciar la equidad, abre canales para expresarse sin que sea vean los resultados

 
Por: María Claudia Lacouture, directora ejecutiva de AmCham Colombia

Sobre la participación de la mujer en la sociedad una de las cosas que más me intriga es su relación con la política. Representan el 51.6 del censo electoral, votan más que hombres (51.7%) y votan significativamente más por los hombres que por su género. El Congreso colombiano tiene apenas un 20% de presencia femenina, muy lejos de lo que manda el principio constitucional de paridad. Esto también se debe a que nos falta lanzarnos más a hacer política, aspirar a los cargos de elección, pues son más los hombres que se postulan.

Según el informe ‘El camino hacia la paridad en el Congreso colombiano’ de la Registraduría Nacional del Estado Civil y ONU Mujeres, el porcentaje de mujeres legisladoras en Colombia es inferior al promedio mundial, que es del 24%, y muy por debajo del americano, que alcanza el 30%. Apenas un 12% de las alcaldías está en manos de las mujeres.

La Constitución y las leyes le dan voz a la mujer, provee de herramientas para propiciar la equidad, abre canales para expresarse sin que sea vean los resultados, tal vez producto de una cultura centenaria de machismo inculcado o porque no logramos todavía la suficiente confianza en nosotras mismas y en las otras para competir.

También debe influir el hecho de que la presencia femenina en las candidaturas es muy precaria, lo que supone que debe haber un compromiso mucho mayor de los partidos políticos, pues no se explica la disparidad sin la silenciosa complacencia o indiferencia de la mayoría, que se extiende al mundo laboral, donde la mujer gana menos, y en los que haceres domésticos, que siguen bajo su casi absoluta responsabilidad.

En ese panorama hay que reconocerle al presidente Iván Duque el hecho de que haya hecho un gabinete rigurosamente equitativo en género. Por mi experiencia en el sector público puedo manifestar que es creciente la participación de mujeres profesionales en todos los niveles, mujeres competentes, capaces, con determinación.

Hemos avanzado mucho en la conquista de los derechos de las mujeres y en el reconocimiento al papel que ejercen en la sociedad, pero quedan barreras por superar dentro de nosotras mismas. Tenemos que reconocer que estamos en un momento en el que ya tenemos una voz, que debemos usarla para obtener la equidad que hace falta y ganar los espacios que merecemos.

Debemos creernos el cuento y sobreponernos a las excusas de que las mujeres no podemos. Es cuestión de espíritu, actitud de persistencia, de convicción de que somos iguales. Tenemos que incorporar en nuestras mentes el chip del sí se puede, comprender que no basta con ser competentes en las posiciones intermedias que hemos ganado en el transcurrir de los siglos.

Hoy las mujeres colombianas tienen una tasa de educación más alta que los hombres y eso no se refleja en el ámbito laboral. Es claro que tenemos un trabajo por delante para dejar un nuevo legado de equidad a nuestros hijos y que en un futuro cercano desaparezca esa notoria minoría femenina en los auditorios de la política, la economía y la empresa.

No solo la equidad de género, sino también una equidad social, pues la pobreza es evidentemente una de las principales causas de la disparidad de oportunidades y del papel doméstico y marginal de millones de mujeres atrapadas por la ignorancia, por un machismo que oprime y maltrata, por una sociedad que las margina. La educación es fundamental y la política social determinante.

Nunca he sentido ni pensado que la mujer y el hombre tengan alguna diferencia en las oportunidades. Desde pequeña mis padres me enseñaron que no hay un rol de hombre o un rol de mujer, hay un rol de trabajo conjunto. Y que la voz de las mujeres hay que construirla desde el interior de cada una, con seguridad, convicción y sin autodiscriminarse.

Considero que hay una complementariedad de roles. Los hombres tienen unas características físicas, unas cualidades innatas, las mujeres tienen otras, son complementarias, y sumadas fortalecen las acciones en su entorno y generan beneficios en el desarrollo de las tareas públicas y privadas.

Lo verdaderamente importante es que podamos identificar nuestro papel, que sepamos cual es nuestro rol en la familia, en la comunidad, en la sociedad, con un compromiso determinado por el desarrollo del país, un convencimiento genuino de que nuestro trabajo y la fe que pongamos en ello puede ayudar a que Colombia tenga más probabilidades de superar las injusticias y la inequidad.

Estoy convencida de que más que una reivindicación feminista, necesitamos integrar nuestros roles con los hombres, trabajar para que en nuestra sociedad sea más armónica, que los niños y las niñas sientan, como lo sentí en mi infancia, que tenemos deberes y derechos sin sesgos de género.

El hecho de asumir roles de mayor relevancia en la sociedad no debe impedir que sigamos siendo mujeres ni dejar a un lado la esencia femenina. Y tenemos que luchar por ganar esos espacios y combatir el machismo con inteligencia, dándole mucho valor a nuestras decisiones y buscar espacios de poder que nos permitan hacer los cambios que se necesitan.

Publicado en Caracol Radio, disponible aquí

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