Grandes retos, grandes remedios

La articulación entre sector público y privado debe ser el faro que guíe el desarrollo de la industria en la ciudad y convertirse en ejemplo para el resto del país 


Cartagena se enfrenta al enorme reto de establecer una institucionalidad sólida, democrática y que fortalezca la articulación con la autoridad departamental, nacional y el trabajo que desde hace por lo menos dos décadas viene haciendo el sector privado, en todos los frentes, para sacar adelante el principal destino turístico del Caribe colombiano. En ese sentido, la nueva administración que comenzará en 2020 tiene una oportunidad histórica de devolverle a la ciudad la gobernabilidad que necesita, la organización que le urge y la estabilidad que requiere para pagar la enorme deuda social que acumula.

No hace falta volver a mencionar las cifras para señalar el papel que ha venido desempeñando la capital de Bolívar en la industria turística del país. Es prácticamente un destino consolidado y en constante crecimiento, tanto que cuando se piensa en qué otras industrias mueven la aguja de la economía local, difícilmente se encuentra alguna que no esté ligada directa o indirectamente al turismo en cualquiera de sus modalidades.


Una conectividad aérea creciente ha facilitado la llegada de viajeros nacionales y extranjeros, para disfrutar de las opciones que tiene Cartagena, pero también para conectar con los cruceros que tienen allí el punto más fuerte de este sector en Colombia.

La articulación entre sector público y privado debe ser el faro que guíe el desarrollo de la industria en la ciudad y convertirse en ejemplo para el resto del país que poco a poco va comprendiendo la importancia de un buen turismo, formal, capacitado, seguro y en constante desarrollo y en esta labor el Puerto de Cartagena ha sido una luz clave.

El Puerto de Cartagena ha sido muestra de un mejoramiento constante, de recorrer la milla extra en la promoción y servicios a sus usuarios, conscientes de que un viajero bien atendido es la mejor estrategia de atracción de nuevos visitantes pues la voz a voz sigue siendo quizá, la herramienta más poderosa del mercadeo.

Nuevas inversiones en infraestructura, capacitación de personal y la diversificación de los servicios de manera constante han facilitado, entre otras cosas, que el acceso a los cruceros haya dejado de ser visto como un lujo lejano a un anhelo cercano y posible para todo tipo de viajeros, más aún hoy en día cuando los turistas están ávidos de nuevas experiencias y destinos.

No obstante, los avances, que se reconocen en toda la industria del país, es igual de importante no bajar la guardia frente a los desafíos que supone el éxito de un destino turístico. Cartagena comienza a mostrar síntomas de los males que aquejan a los grandes destinos, como la desigual competencia que las plataformas ejercen contra las agencias de viajes, los hoteles, el transporte; el descontrol sobre la llegada de miles de turistas que compraron por internet y que no sabemos para dónde van, ni cómo van, ni con quién.

Llegan arrastrando sus maletas a edificios residenciales, pasean por la ciudad con guías que no son guías, contratan aventuras sin seguridad ni control, se comunican por las redes sociales en donde comer y donde divertirse. Afortunadamente el creciente flujo de turistas es tan bueno que hay para todos, pero tenemos que encontrar soluciones para lograr una armonía entre ese mundo, hasta ahora informal, y la estructura de la oferta de productos y servicios que tiene registro de operación y paga impuestos.

A lo anterior, se suman los retos por la fragilidad en la seguridad y otros males sociales, incluyendo un desbordado flujo migratorio que busca incorporarse en la cadena para ser parte de los beneficios que se generan cada vez que un crucero atraca en Cartagena dejando recursos a trabajadores del sector transportador, restaurante, guías y tiendas, entre otros y que trascienden el ámbito portuario para impactar a la ciudad y sus alrededores.

Los retos son enormes. El papel de las administraciones entrantes, tanto en Cartagena como en Bolívar y que asumirán en los próximos meses, no es menor. El turismo es una industria tan sensible como robusta por lo que hay que mantener los sentidos afinados para ofrecer servicios innovadores, capacitar de manera constante a todos los actores de la cadena y homologar las buenas prácticas internacionales que nos harán multiplicar el número de viajeros. 
 
El Puerto de Cartagena en este ejercicio tiene un liderazgo importante, nos ha hecho pensar en grande, ser persistentes y perseverantes. Hoy vemos el resultado de ese ejercicio tanto en el crecimiento de la ciudad como en el posicionamiento de Cartagena como destino turístico internacional, en especial para los cruceros, pero para mantenerse y mejorar debe contar con el involucramiento de todos los sectores, de autoridades y empresarios, y también de la sociedad civil, pues todos tenemos que apropiarnos de este bien tan preciado, que le da carácter a la ciudad, al departamento, que es un motor de desarrollo, una puerta de entrada y plataforma para la llegada de miles de turistas.
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