Un poco más de fervor patrio

Por: María Claudia Lacouture, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Colombo Americana

 

Respóndase usted mismo las siguientes preguntas: ¿Sabía que el 7 de agosto es el Día de la bandera? ¿El pasado 20 de julio usted izó la bandera? ¿Sabía que si no la iza puede ser multado? ¿Sabe cuáles son los días que por obligación debe izar la bandera? ¿Sabía que hace tres décadas podía ir a la cárcel y ser considerado traidor a la patria por ese motivo? ¿Sabía que Colombia ya no es oficialmente el país del Sagrado Corazón de Jesús?

 

Me causó mucha curiosidad que el pasado 20 de julio circulara en las redes sociales el video de un hombre que, megáfono en mano, se paseó por calles bogotanas clamando para que los vecinos izaran la bandera so pena de ser multados, reclamaba falta de patriotismo y de cómo en los tiempos modernos se ha perdido la devoción por los símbolos patrios.

 

Sobre eso último creo que todos estamos de acuerdo, pero produce sorpresa comprobar que, en efecto, según una ley de 1991 es obligación izar la bandera nacional en todo el territorio colombiano en los edificios y casas particulares en las siguientes fechas: 20 de julio, 7 de agosto, 12 de octubre y 11 de noviembre. La multa es hasta 10 días de salario mínimo legal.

 

Hasta 1994 también era fiesta nacional el día del Sagrado Corazón de Jesús. Dejó de serlo porque la Corte Constitucional consideró que iba en contra de la libertad de cultos y de la igualdad que establece la Constitución. Dejamos de ser oficialmente el país del Sagrado Corazón de Jesús.

 

Anécdotas aparte, realmente los días nacionales en Colombia se han ido diluyendo con el tiempo, mientras que en otros países toma fuerza y se vuelve un motivo de fervor nacional, de fiesta colectiva, de identidad ciudadana. Lo que sí festejamos aquí, y con todas las fuerzas, son las victorias de la selección de fútbol. Un buen partido merece decorado, fiesta, banderas, pitos, confetis y serpentinas.

 

En los tiempos modernos, un 20 de julio o un 7 de agosto son casi como un domingo cualquiera, aunque con la posibilidad de ver en el canal oficial de televisión una programación vespertina de guabinas, bambucos y torbellinos con guitarras, bailes y trajes típicos.

 

Y, cuando -como este año-, la fiesta nacional es un viernes, las ciudades capitales quedan más solitarias. Peor si el festivo patrio es un martes de puente largo, como lo será este 7 de agosto. Por el norte de Bogotá, en las ventanas de los edificios se cuentan más avisos de SE VENDE que banderas tricolores.

 

Antes de la era de los satélites (y ya estamos en los tiempos del internet, las redes sociales y del big data), no había casa o edificio que no tuviera el tubo soporte para la bandera. En los colegios y en los barrios se hacían desfiles, se reconstruía la historia de los próceres, había bazares, juegos y comparsas, y unos cuantos disfrazados de Bolívar, Nariño o Santander o de Policarpa Salavarrieta.

No se trata de volver a los tiempos en los que el solo hecho de no izar la bandera era castigado con cárcel. El Código Penal de 1980 establecía que “quien ultrajare públicamente los símbolos patrios” incurriría en traición a la Patria y debería cumplir una condena en prisión hasta por dos años.


No, no se trata de volver a esos tiempos, pero un poco de fervor patrio nos vendría bien. Rescatar nuestro nacionalismo, la tradición y los valores, que Colombia vuelva a tener ese sentido de orgullo y pertenencia y que se mantenga para las siguientes generaciones.

 

Publicado en La República, disponible aquí